miércoles, noviembre 12, 2025

Ojos Tristes

Otro día de arduo trabajo en la oficina, pasar por estación central, para tomar el tren a San Beca, la misma gente, todos caminan rápido, cada quien en su propia dirección y hacia su propio destino, pienso en tomarme un helado, son las 6 y hace calor, pero algo me detiene, alguien no parece ignorar el ambiente como todos los demás, los mira fijamente a todos y cada uno de los que caminan a su alrededor, como buscando a alguien, lo miró, nuestras miradas chocan y pasan 5 segundos hasta que decido continuar mi camino, él sigue mirando hacia un perdido horizonte. Parecía casi como un niño buscando a su madre, pero a juzgar por sus facciones y su barba que brillaba con el sol debe haber tenido entre unos 20 y 25 años.

En la noche no pude dormir, esos ojos cafés me persiguen, no eran nada del otro mundo, me digo a mi mismo, solo era el sol de la tarde que les llegaba, que rayos habrían visto en mi, sentí que me atravesaron en aquellos breves instantes. Decido no pensar más y duermo.

Otro día, misma rutina, me levanto, me ducho, de desayuno hay pan con huevos, algo que no como todos los días, repentinamente aquella mirada se me viene a la mente y sin darme cuenta derramo el café, llego al trabajo y por alguna extraña razón sigo pensando en él hombre aquel de la estación. El día transcurre como suelen hacerlo los viernes, con la expectativa de dos días de descanso, para mí, es el último día de trabajo antes de mis merecidas vacaciones, dan las 6 y puedo ir a casa, paso por la estación y lo veo de nuevo, con su metro noventa, barba rubia oscura, espalda ancha y contextura robusta, y esos ojos café que brillaban contra la luz del sol, nunca he sido muy entrador en conversaciones con extraños, pero me acerco y le pregunto si le sucede algo, él solo entorna sus ojos y sonríe –nada, no te preocupes, pero gracias por preguntar-, pretendo seguir mi camino, pero no puedo, -me acompañas con un café- pregunto de improviso, cosa que me llamó la atención de sobremanera, yo no suelo ser así, que estaba ocurriendo que me hacía actuar de esta manera.

Caminamos hacia el metro, trasbordo en Los Héroes y luego en Santa Ana hacia Bellas Artes, caminamos hacia Café Psicosis, pido un café y él un té, comenzamos a conversar, su sonrisa es enigmática, sus gestos muy expresivos, casi como un niño, su nombre es Roberto, la conversación se extiende por horas y horas, cuando veo que es demasiado tarde para tomar el tren e incluso para tomar alguna micro, Roberto se disculpa por haberme hecho perder tanto tiempo y me invita a su departamento, que queda cerca.

Caminamos un par de cuadras hacia plaza Italia y llegamos a un departamento de esos envidiables con vista al Forestal desde un décimo piso, seguimos la conversación hasta las 6 de la mañana a punta de café y cigarros, conversamos de todo un poco, tomo el ultimo sorbo a mi café y parto a casa, me acompaña hacia el primer piso, intercambiamos números de celular y un abrazo.

Camino a casa dormito algo en el tren pero solo recuerdo su sonrisa y sus ojos, pero hay algo que no había vislumbrado antes, sus gestos, su expresión corporal, su sonrisa, todas esas cosas ocultan algo, y no puedo determinar que es. Llego a casa y antes de tenderme a dormir mi celular suena, es Roberto, -Hola ¿llegaste ya?, ¿has llegado bien?- Si, respondo yo mientras bostezo, -que bueno, espero nos podamos ver nuevamente, un abrazo y descansa, bye-. Chao respondo yo antes de caer rendido en mi cama.

7 AM, he olvidado apagar el despertador, Roberto me despierta, ya han pasado dos meses desde el día en que lo vi por primera vez, nos hemos visto todos los días desde entonces, me sonríe -otra vez el café y los cigarros nos han robado la noche-, sigo sin entender que oculta tras esa sonrisa, pero ya no me lo cuestiono, por suerte –es domingo- me dice, así podrás dormir todo el día- se sonríe de nuevo y yo vuelvo a dormir.

Son las 6 PM, Lunes, van 5 meses desde aquél día en la estación, termino el trabajo y me junto con Roberto como es de costumbre, como siempre él espera con esa misma mirada en la estación, creo que me he enamorado, nunca me había sentido así, pero ni un beso me atrevo a robarle, su mirada detiene mis pensamientos nuevamente, pero esta vez puedo ver su gran secreto, me saluda esbozando una sonrisa, tratando apresuradamente de limpiar una lágrima que caía por su mejilla hasta su barba, le pregunto que sucede, no hay respuesta, insisto y no hay respuesta, solo otra lágrima que se le escapa. -Dime que pasa Roberto, por favor, si te puedo ayudar en algo dímelo-. Entre sollozos pasan los minutos, nos vamos a su departamento, y al cruzar la puerta lo abrazo fuertemente, pero solo desencadeno mas llanto, él se aferra con fuerza a mi chaqueta.

Pasan las horas, yo sigo sirviendo café y se me acaban los cigarros, solo lo miro y sus ojos están distantes, perdidos, dolidos, Roberto sufre y no se que hacer. Lo llevo a su cama y por primera vez me pide que duerma con él, y me abraza con fuerza. –¿Recuerdas el día en que nos vimos por primera vez?- me pregunta de la nada –si lo recuerdo-, -¿Y recuerdas que te miré fijamente?-, - si lo recuerdo, ¿dime que sucede con eso?-, -es que en el lugar en donde estabas parado fue donde ocurrió- dijo antes de romper en llanto nuevamente-, .¿que ocurrió ahí, Roberto?- pregunté, un largo silencio nos envolvió, Roberto seguía aferrado a mi camisa mientras su respiración se normalizaba.

-Ahí, sucedió algo terrible- dijo al rato –yo tuve un amigo, un compañero, un amor, hace 5 años atrás, él era mayor que yo, lo amaba con todo mi corazón, y él a mi- yo lo escuchaba mientras pasaba mi mano por su cabeza reconfortándolo mientras él seguía hablando –hace 5 años, caminábamos por la estación, cuando lo escucho gritar, al darme vuelta vi a un tipo huyendo con su mochila y billetera mientras él se desplomaba al suelo- sentí que se aferraba con más fuerza a mi cuando comenzó a sollozar nuevamente –no alcanzaron a llegar…..la ambulancia……lo sostuve en mis manos……luego nada- lo abracé con fuerza para que no llorará nuevamente, pero fue inútil, ahora yo lloraba también –lo que mas me duele……… es que…..ahora….desde que te conocí….. no …… no……..no logro recordar su rostro, solo te tengo en mi mente….. y no puedo….no soy capaz-, me abrazó y luego durmió. A la mañana siguiente, despertamos abrazados, yo pensando en lo duro que debe ser para Roberto enamorarse de nuevo, sabiendo que su primer gran amor le fue arrebatado de las manos, pero se me ocurre una idea.

Durante los siguientes días Roberto no va al trabajo y yo me pido un par de días libres, y le digo a Roberto que saldremos a pasear, se anima muy poco pero igual esboza una leve sonrisa. Subimos al auto y manejo hacia Huechuraba, Roberto dormita, y lo despierto en cuanto llegamos, se sorprende al ver el lugar -¿Qué sucede, que hacemos aquí?- ,-ya veras-, caminamos juntos por un césped bien mantenido, llegamos hasta donde una placa de mármol con un nombre sobresale, “Alex Andrés Rodríguez Inostroza “ –Pero… pero…..pero… ¿Cómo?- me pregunta Roberto mirándome fijamente con cara de sorpresa –lo encontré- le digo –no preguntes más, te dejaré solo un momento- me retiro mientras lo veo a la distancia, de rodillas sobre el césped del Parque Del Recuerdo, estando cerca de su gran amor, lo dejo y lo espero en el auto. Al regresar sus ojos han cambiado, se sube al auto, me abraza y en ese mismo instante me queda mirando con sus hermosos ojos, los cierra, yo cierro los míos y con un beso cierra el momento, es el momento más feliz de mi vida.

By K

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola! Me impresiona positivamente tu capacidad narrativa.
LLegué a tu blog por la página de los osos de Venezuela, que es mi país. Ahora vivo en Buenos Aires. Tengo una duda, para ti es la tumba del chico fallecido o fue un gesto de este chio para pudiera hacer su despedida?

Nib dijo...

Me gustó mucho este!!!!!!!!!