miércoles, noviembre 12, 2025

Amigo Mio

¿Cuanto tiempo habia pasado desde aquel dia? No estoy seguro si eran 9 o 10 años, pero ya hacia tiempo que no nos veíamos.

Me sorprendió ver una carta desde el extranjero en el buzón, me pregunté -¿a quien diablos conozco en Japón?, mientras examinaba la carta cuyo remitente era inentendible para mi. Al leer las primeras líneas estuvo claro, era Ed.

A pesar del tiempo pasado aun recordaba el dia en se fue casi sin decir adiós, todo fue tan rápido, a su padre lo nombraron Cónsul -vaya oferta de trabajo- pensé en ese momento, -al menos vas a ver otros países, dije forzándome a sentir alegría para que Ed no se sintiera mal por su partida.

No conocimos desde siempre, léase 4º Básico, yo siempre estaba solo, nadie nunca quería jugar con el gordito del curso, yo no me juntaba con los demás, solo me dedicaba a pasear por el colegio y siempre terminaba en una pequeña ladera que daba a los estacionamiento mientras miraba como pasaban las nubes sobre mi cabeza.

Recuerdo cuando hablamos por primera vez, ese dia terminé todo magullado, al intentar atrapar la pelota de basketball en clase, pero caí al suelo y terminé dislocándome el hombro. Entre las risas de los demás Ed me ayudó y me llevó a enfermería. Cuando salí, me esperaba sentado en unas pequeñas bancas de madera. No dijo nada, solo me regaló una sonrisa y luego volvió a clases mientras mi madre me llevaba a casa, no pude ir en casi una semana al colegio, pero en cuanto pude ir, me acerque a Ed y con la cara roja, le di las gracias por ayudarme. Nuevamente solo me sonrió y dijo –me caes bien, Pit-.

Durante los siguientes dos años de colegio, fuimos muy amigos, siempre estábamos juntos, nos molestaban mucho por eso, pero habia algo que me sucedía cuando estaba con él, no lo podía explicar, solo se que me sentía muy feliz.

En 6º básico fue cuando se tuvo que ir, a pesar de que hice todo lo posible de alegarme por él y por su familia, para un chico de 12 años, que toda la vida habia sido el paria del curso, perder a su único amigo era peor que el infierno, contuve las lagrimas cuando lo abracé la ultima vez, pero después lloré en su ausencia. Los años pasaron y a pesar de que en un principio mantuvimos contacto por cartas y por teléfono, los constantes viajes de su padre hicieron que le perdiera la pista, al final, las llamadas eran menos y las cartas dejaron de llegar.

Habían pasado 10 años, por motivos de estudio yo estaba en Santiago y mis padres se quedaron en Valparaíso, ellos me pagaban la Universidad y yo mantenía un pequeño departamento de un ambiente en el barrio universitario con un trabajo de medio tiempo.

No me convertí en un tipo muy sociable, por no decir completamente aislado, solo me dedicaba a mi estudio, nada de amigos, todavía me dolía haber perdido a mi único gran amigo, a la única persona que me entendía y me conocía, no quería volver a perderlo todo.

Las pocas líneas de la carta de Ed, en su típica tipografía descuidada, decían –planeo un viaje a Chile en pocas semanas mas, se que ha pasado mucho tiempo, quiero verte, no me importa que sean 5 minutos, tu amigo Edward- mas abajo salía su dirección actual, e-mail y numero de teléfono.

De un brinco corrí hacia el cybercafé de la esquina y le respondí la carta diciéndole que lo esperaba con ansias, el corazón me latía a mil por horas, la alegría habia vuelto a mi, ¿era esto posible?, miles de ideas se me venían a la mente, pero una lluvia de interrogantes bombardearon mi cabeza de improviso, ¿Cómo lo reconocería?, ¿me reconocería él a mi?, ¿Qué lo habia hecho contactarme, ahora después de tanto tiempo? No lo se, pero nada podía superar la alegría de ver a Ed nuevamente.

Pasaron 3 semanas desde la llegada de la carta y no habia recibido respuesta por correo ni por e-mail de Ed. pensé que quizás su viaje se canceló, o quizás se arrepintió de venir, o abiertamente no me quería ver, mientras yo venia llegando a casa bastante decaído por todo ese excesivo rollo mental, tropecé torpemente con un hombre alto, macizo y que vestía un traje azul oscuro. –disculpe, lo lamento mucho- le dije, -no me fijé por donde caminaba-, él solamente se incorporó y sonrió. Inmediatamente reconocí esa sonrisa, bajo la tupida barba y el cabello corto y ordenado –ED?- le pregunté mientras mis ojos se llenaban de lagrimas, -si Pit, ¿como estas?, disculpa- dijo bajando la mirada -¿ya no te dicen así?, ¿como te llaman tus amigos, Peter?- me dio algo de vergüenza responderle que yo no tengo amigos y que nunca tuve desde que él se fue –Pit esta bien- respondí mientras rascaba mi nuca sonriéndole.

Entramos a mi departamento nos tomamos unas cervezas, conversamos de todo, de sus viajes, de sus estudios, de sus amigos, tema que cuando era dirigido a mi lo obviaba buscando otra lata de cerveza o encendiendo un cigarrillo. –No puedo creer que estés aquí- le dije –lamentablemente vengo por poco tiempo, debo regresar mañana a Japón para organizar las cosas y partir a Washington, esto de estar estudiando bajo la tutela de mi padre ha sido duro, siento que me esta entrenando para ser alguien que no soy- sus ojos se entristecieron mientras tomaba mi cigarrillo encendido y tomaba una aspirada –no he conocido a nadie como tu Pit- dijo luego de botar una bocanada de humo –te he extrañado mucho, nunca volví a atener un amigo como tú y ahora debo volverme a ir, he estado muy solo, se que solo teníamos 12 años cuando nos separamos, pero me hacia sentir feliz el verte al dia siguiente en clases, pero cuando ya no estabas ahí fue peor aun- yo estaba impresionado de esa confesión, ver a Ed como contenía su llanto para seguir contándome lo que le sucedía, era como tratar de evitar que una ola reventara contra las rocas –al poco tiempo que te dejé de escribir y de llamar, pensé que todo se solucionaría, pero no fue así, y eventualmente los constantes cambios de países de mi familia hicieron que perdiera pista de ti-, -si- le respondí –al poco tiempo después de que te fuiste, nos cambiamos de casa, y terminando el colegio me vine a Santiago- se me hizo un nudo en la garganta pero finalmente le pude decir muy tranquilamente –yo también te extrañé mucho-, pensaba que esto lo calmaría un poco, pero no fue así

–No entiendes Pit- dijo pasándose la mano por la cabeza -no entiendes lo que me pasa, tu no solo eras mi mejor amigo, eras mi mundo, mi todo; no lo entendía a esa corta edad pero ahora si y es algo que alguien como yo no puede permitirse- su voz comenzaba a subir de volumen cada vez más y sus lagrimas caían deslizándose por sus mejillas. Me acerqué par a aunque sea darle un abrazo que lo confortará, pero me apartó –NO ME TOQUES- gritó –no te me acerques, no quiero lastimarte con mis problemas y con mis traumas, solo necesitaba decirte esto antes de partir y no verte nunca más-.

Aun llorando, Ed se acercó a la puerta y la abrió queriendo salir, pero de un portazo la cerré – ¿vienes aquí después de 10 años a llorar mares por problemas tuyos y de ciclos que no cerraste para luego marcharte?- le dije enfurecido –exijo… NO, merezco una explicación- le dije tomándolo por el cuello de la camisa y poniéndolo contra la pared. Sus ojos esquivaban la mirada, pero nuevamente lo podía contra la pared, yo no podía creer que aquella persona que evocaba mis alegrías mas grandes pretendía irse nuevamente sin explicaciones, esta vez no lo dejaría irse, no al menos sin antes obligarlo a confesar sus razones. –Habla- le dije –HABLA DE UNA BUENA VEZ- le grité a solo centímetros de la cara. Ed levanto sus manos, se aferró de mis brazos pero luego sus manos subieron hasta mi rostro en donde tomándome la cara firme pero sin hacer fuerza se acercó y de improviso me planto un beso. Podía sentir sus lágrimas cayendo por su rostro y que luego pasaban al mío. – ¿entiendes ahora?- me preguntó retirando las manos y esquivando la mirada –te amo Pit, desde siempre- yo estaba atónito, no podía creer lo que acababa de ocurrir –por eso es que quería decírtelo, no podía vivir con esta carga por mas tiempo, siempre fuiste tu quien me entendía, quien me hacia sentir feliz, nadie mas, lo siento si te he causado algún inconveniente, no volverás a saber de mi- Ed abrió la puerta y salió. Mis piernas flaquearon, y caí de rodillas en un momento entendí lo que ocurría, entendí que si no hacia algo él….

Corrí hacia al puerta, salí del edificio y vi a Ed caminando media cuadra mas adelante –y bien….¿Ahora que se supone que haga yo?- le grite, me acerque a paso veloz al darme cuenta que no habia reacción de su parte, lo alcancé y tomándolo por el hombro le di media vuelta –¿se supone que ahora debo dejar que salgas nuevamente de mi vida?- lo abracé mientras entre lagrimas pude articular –no te vayas,….no me dejes solo de nuevo- finalmente mirándolo cara a cara le dije –yo también te amo, y siempre lo he hecho, no quiero perderte de nuevo- ahora fui yo quien, ante el asombro de Ed, le plantó un beso.

Volvimos al departamento y pasamos toda la noche abrazados entre recuerdos y besos, la mañana llegó y despertar en brazos de Ed me llenaba de tranquilidad, solo tuvimos esa noche para nosotros.

Así llegó el momento de separarnos, nos prometimos volvernos a ver, de alguna manera, no se como pero lo haríamos. Su tuviera que esperar 10 años mas con gusto lo haría, aunque fuera por tan solo 5 minutos, pero prefiero esos cinco minutos que vivir una vida entera sin haberlo conocido.

By K

Distancia

Las noches parecen cada vez más largas. No he parado de mirar el techo en más de 2 horas, que vacía parece la casa, -¿cuánto tiempo ha pasado?- volteo a coger mi reloj y al ver el calendario la triste realidad me aplasta nuevamente, 4 meses, faltan 20 mas. Por dios, a veces me pregunto porque hago esto, pero tu foto sobre el velador me lo recuerda constantemente, la abrazo fuertemente, solo una pequeña lágrima se me escapa. Muevo el mouse para salir del protector de pantalla y veo con sorpresa una pequeña pestaña parpadeando en la barra inferior de la pantalla, en la ventana se lee: “hola, ¿estás por ahí?” “buu no te encontré”  “sé que es tarde allá, solo quería dejarte un pequeño saludo para que lo vieras en la mañana, no olvides que te amo y que te extraño muchísimo”. Respiro profundo y dejo salir un suspiro tranquilizador, acaricio la imagen proyectada en mi pantalla. Una sonrisa se dibuja en mi rostro, -no lo olvido, te amo también- digo en voz baja. Miro el reloj por última vez, vuelvo a la cama y por fin puedo dormir. “El mundo no es tan grande, bajo el mismo cielo hay alguien que te ama” Mensaje enviado a las 4:25 am, se lee en el chat antes de cerrar.

By K.

Ojos Tristes

Otro día de arduo trabajo en la oficina, pasar por estación central, para tomar el tren a San Beca, la misma gente, todos caminan rápido, cada quien en su propia dirección y hacia su propio destino, pienso en tomarme un helado, son las 6 y hace calor, pero algo me detiene, alguien no parece ignorar el ambiente como todos los demás, los mira fijamente a todos y cada uno de los que caminan a su alrededor, como buscando a alguien, lo miró, nuestras miradas chocan y pasan 5 segundos hasta que decido continuar mi camino, él sigue mirando hacia un perdido horizonte. Parecía casi como un niño buscando a su madre, pero a juzgar por sus facciones y su barba que brillaba con el sol debe haber tenido entre unos 20 y 25 años.

En la noche no pude dormir, esos ojos cafés me persiguen, no eran nada del otro mundo, me digo a mi mismo, solo era el sol de la tarde que les llegaba, que rayos habrían visto en mi, sentí que me atravesaron en aquellos breves instantes. Decido no pensar más y duermo.

Otro día, misma rutina, me levanto, me ducho, de desayuno hay pan con huevos, algo que no como todos los días, repentinamente aquella mirada se me viene a la mente y sin darme cuenta derramo el café, llego al trabajo y por alguna extraña razón sigo pensando en él hombre aquel de la estación. El día transcurre como suelen hacerlo los viernes, con la expectativa de dos días de descanso, para mí, es el último día de trabajo antes de mis merecidas vacaciones, dan las 6 y puedo ir a casa, paso por la estación y lo veo de nuevo, con su metro noventa, barba rubia oscura, espalda ancha y contextura robusta, y esos ojos café que brillaban contra la luz del sol, nunca he sido muy entrador en conversaciones con extraños, pero me acerco y le pregunto si le sucede algo, él solo entorna sus ojos y sonríe –nada, no te preocupes, pero gracias por preguntar-, pretendo seguir mi camino, pero no puedo, -me acompañas con un café- pregunto de improviso, cosa que me llamó la atención de sobremanera, yo no suelo ser así, que estaba ocurriendo que me hacía actuar de esta manera.

Caminamos hacia el metro, trasbordo en Los Héroes y luego en Santa Ana hacia Bellas Artes, caminamos hacia Café Psicosis, pido un café y él un té, comenzamos a conversar, su sonrisa es enigmática, sus gestos muy expresivos, casi como un niño, su nombre es Roberto, la conversación se extiende por horas y horas, cuando veo que es demasiado tarde para tomar el tren e incluso para tomar alguna micro, Roberto se disculpa por haberme hecho perder tanto tiempo y me invita a su departamento, que queda cerca.

Caminamos un par de cuadras hacia plaza Italia y llegamos a un departamento de esos envidiables con vista al Forestal desde un décimo piso, seguimos la conversación hasta las 6 de la mañana a punta de café y cigarros, conversamos de todo un poco, tomo el ultimo sorbo a mi café y parto a casa, me acompaña hacia el primer piso, intercambiamos números de celular y un abrazo.

Camino a casa dormito algo en el tren pero solo recuerdo su sonrisa y sus ojos, pero hay algo que no había vislumbrado antes, sus gestos, su expresión corporal, su sonrisa, todas esas cosas ocultan algo, y no puedo determinar que es. Llego a casa y antes de tenderme a dormir mi celular suena, es Roberto, -Hola ¿llegaste ya?, ¿has llegado bien?- Si, respondo yo mientras bostezo, -que bueno, espero nos podamos ver nuevamente, un abrazo y descansa, bye-. Chao respondo yo antes de caer rendido en mi cama.

7 AM, he olvidado apagar el despertador, Roberto me despierta, ya han pasado dos meses desde el día en que lo vi por primera vez, nos hemos visto todos los días desde entonces, me sonríe -otra vez el café y los cigarros nos han robado la noche-, sigo sin entender que oculta tras esa sonrisa, pero ya no me lo cuestiono, por suerte –es domingo- me dice, así podrás dormir todo el día- se sonríe de nuevo y yo vuelvo a dormir.

Son las 6 PM, Lunes, van 5 meses desde aquél día en la estación, termino el trabajo y me junto con Roberto como es de costumbre, como siempre él espera con esa misma mirada en la estación, creo que me he enamorado, nunca me había sentido así, pero ni un beso me atrevo a robarle, su mirada detiene mis pensamientos nuevamente, pero esta vez puedo ver su gran secreto, me saluda esbozando una sonrisa, tratando apresuradamente de limpiar una lágrima que caía por su mejilla hasta su barba, le pregunto que sucede, no hay respuesta, insisto y no hay respuesta, solo otra lágrima que se le escapa. -Dime que pasa Roberto, por favor, si te puedo ayudar en algo dímelo-. Entre sollozos pasan los minutos, nos vamos a su departamento, y al cruzar la puerta lo abrazo fuertemente, pero solo desencadeno mas llanto, él se aferra con fuerza a mi chaqueta.

Pasan las horas, yo sigo sirviendo café y se me acaban los cigarros, solo lo miro y sus ojos están distantes, perdidos, dolidos, Roberto sufre y no se que hacer. Lo llevo a su cama y por primera vez me pide que duerma con él, y me abraza con fuerza. –¿Recuerdas el día en que nos vimos por primera vez?- me pregunta de la nada –si lo recuerdo-, -¿Y recuerdas que te miré fijamente?-, - si lo recuerdo, ¿dime que sucede con eso?-, -es que en el lugar en donde estabas parado fue donde ocurrió- dijo antes de romper en llanto nuevamente-, .¿que ocurrió ahí, Roberto?- pregunté, un largo silencio nos envolvió, Roberto seguía aferrado a mi camisa mientras su respiración se normalizaba.

-Ahí, sucedió algo terrible- dijo al rato –yo tuve un amigo, un compañero, un amor, hace 5 años atrás, él era mayor que yo, lo amaba con todo mi corazón, y él a mi- yo lo escuchaba mientras pasaba mi mano por su cabeza reconfortándolo mientras él seguía hablando –hace 5 años, caminábamos por la estación, cuando lo escucho gritar, al darme vuelta vi a un tipo huyendo con su mochila y billetera mientras él se desplomaba al suelo- sentí que se aferraba con más fuerza a mi cuando comenzó a sollozar nuevamente –no alcanzaron a llegar…..la ambulancia……lo sostuve en mis manos……luego nada- lo abracé con fuerza para que no llorará nuevamente, pero fue inútil, ahora yo lloraba también –lo que mas me duele……… es que…..ahora….desde que te conocí….. no …… no……..no logro recordar su rostro, solo te tengo en mi mente….. y no puedo….no soy capaz-, me abrazó y luego durmió. A la mañana siguiente, despertamos abrazados, yo pensando en lo duro que debe ser para Roberto enamorarse de nuevo, sabiendo que su primer gran amor le fue arrebatado de las manos, pero se me ocurre una idea.

Durante los siguientes días Roberto no va al trabajo y yo me pido un par de días libres, y le digo a Roberto que saldremos a pasear, se anima muy poco pero igual esboza una leve sonrisa. Subimos al auto y manejo hacia Huechuraba, Roberto dormita, y lo despierto en cuanto llegamos, se sorprende al ver el lugar -¿Qué sucede, que hacemos aquí?- ,-ya veras-, caminamos juntos por un césped bien mantenido, llegamos hasta donde una placa de mármol con un nombre sobresale, “Alex Andrés Rodríguez Inostroza “ –Pero… pero…..pero… ¿Cómo?- me pregunta Roberto mirándome fijamente con cara de sorpresa –lo encontré- le digo –no preguntes más, te dejaré solo un momento- me retiro mientras lo veo a la distancia, de rodillas sobre el césped del Parque Del Recuerdo, estando cerca de su gran amor, lo dejo y lo espero en el auto. Al regresar sus ojos han cambiado, se sube al auto, me abraza y en ese mismo instante me queda mirando con sus hermosos ojos, los cierra, yo cierro los míos y con un beso cierra el momento, es el momento más feliz de mi vida.

By K